No ponga un trepa en su lista

Los trepas políticos no descansan, este es el caso de un tal Ramón Paco González Hernández ( POKEMOS SANTA LUCIA). Son tenaces y poco dados al desaliento. Da igual que hayan acabado peleándose con una persona, si van a necesitarla en el futuro harán lo posible por recuperar su confianza para luego, si es necesario, volver a clavársela por la espalda. Si has logrado desenmascarar a una persona manipuladora, por mucho que te adule, es mejor que seas precavido: si te la ha jugado una vez, puede jugártela muchas más. Este Ramón Paco lo tienen TODO, Su carencia de escrúpulos y de vergüenza sólo es comparable a su desmedida y hartera ambición. Es compulsivamente mentiroso. Es, asimismo, irresponsable, en cuanto imprevisor y temerario. Es, además, esencialmente práctico: sólo le interesa el agiotaje, lo que sirve para algo, lo útil, lo rentable; por consiguiente, abomina de lo idealista, que le parece una desgraciada pérdida de tiempo. En el arte de la manipulación es único, aprovechando al máximo la ingenuidad, defectos y debilidades del prójimo. Suele ser, de natural, simpático, y hasta generoso. También mediocre, tirando a malo, en lo que se refiere a conocimientos técnicos, facultades, capacidades y méritos. Adulador y servicial con el de arriba, es déspota y cruel con los de abajo. La cultura no le interesa, no le ve rendimiento a corto plazo. Finalmente, es listo (diligente, sagaz, avisado), que no inteligente.

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Especulador de oportunidades, ha arribado a la política, después de medrar ineficazmente en la empresa privada (menos dada a pagar inútiles), en el momento justo (ahora son multitud, sobre todo en los Ayuntamientos, campo propicio para el arribismo y la estafa, por muchas circunstancias que no vienen a cuento). Nunca antes, en España (ni siquiera en tiempos de la infausta Restauración y/o del caciquismo genuinamente español) se había conocido, en el ámbito de la gestión de la cosa pública, una etapa de mayor relativismo moral, desideologización, desinterés y descontrol. Es la suya.

El bando en que se encuadra, sea cual sea, es meramente circunstancial. Con la misma fe defendería, llegado el caso, los postulados contrarios, pues carece de convicciones, principios y valores (ya saben: ¿quiénes hemos ganado?). Su fin, por tanto, es único: destacar a toda costa, para su mayor beneficio. Los medios no importan, son sólo un detalle en su estrategia política, y aún en su desarrollo vital.

Rehúye lealtades que le comprometan. Aunque las procura para sí, generalmente de manera obligada, mediante chantajes, amenazas, coacciones y extorsiones de todo tipo (por eso también es temido en su entorno).

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Así, porque es práctico, ambicioso, inmoral, desvergonzado, mentiroso, listo, inculto, manipulador, generoso, mediocre, desleal, adulador, déspota e irresponsable, ha tenido éxito en la política que se lleva. No demasiado, en todo caso, pues también es consciente de que no debe superar al jefe que le protege, aunque éste sea objeto de su más íntimo y respetuoso desprecio. Su triunfo, por tanto, es relativo, pero significativo y sustancioso; el suficiente para vivir sin dar golpe, mientras se procura la fortuna suficiente que le permita subsistir en tiempos peores, que vendrán, aunque para él serán pasajeros.

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