IZQUIERDA UNIDA, PODEMOS Y LA DESUNION POPULAR.

Seamos claros: el dilema de las próximas generales no es ganarlas de forma incontestable o perderlas. La insistente retórica de la victoria –«¡Salimos a ganar!»–oculta torpemente un hecho capital del escenario presente: a día de hoy, las mayorías inapelables no están al alcance de la mano. Lo máximo a que puede aspirarse es a conseguir una minoría relativamente decisiva para la gobernación. Y aquí la encrucijada no es otra que la siguiente: o repetimos dirección conservadora y neoliberal, con el auxilio de Ciudadanos o el mucho más improbable apoyo del PSOE, o logramos rectificar el rumbo presente con una mayoría de izquierdas. Pero esta mayoría progresista puede adoptar dos formas: o tiene al PSOE como fuerza predominante o la relega a una posición secundaria. Contemplada la cuestión desde la envergadura del cambio a realizar, es aquí donde radica la clave del asunto.

Tal y como va diseñándose el campo de las izquierdas de cara a las próximas elecciones, con cada vez más desprecios y divisiones, lo más probable es que el PSOE termine preponderando.

Pablo-Iglesias-y-Alberto-Garzon--durante-un-debate-sobre-democracia-social-en-Madrid-

Pero, a la vista de como ha evolucionado esta cuestión, no hay alternativa: Podemos ha optado por concurrir en solitario a las elecciones generales y solo admite la posibilidad de confluencia en zonas del territorio donde su posición es más débil, por tener mayor competencia en su flanco izquierdo (pese al discurso de Pablo Iglesias relativo a que el eje derecha/izquierda no explica el “cambio” que propone encabezar). Están en su derecho. También es decisión de la dirección de Podemos consultar o no a sus militantes; y, por supuesto, también éstos pueden promover una consulta. Pero esa no es la cuestión. Iglesias quiere laminar toda competencia por su izquierda; las cosas se van situando en su sitio o recolocando, e IU está a su izquierda claramente: mantiene un discurso coherente y no juega al despiste. No le van los juegos virtuales de pescar votos en los caladeros de la derecha (PP, Ciudadanos), porque sabe que de ahí no le va a venir ni uno. Pero éstos sí lo creen posible.
Se equivoca de largo la dirección de Podemos si cree que los ciudadanos que le han votado alguna vez y que no militan en ningún partido son votos seguros, en este sentido es muy acertada la frase “no hay que convencer a los ya convencidos, sino llegar a donde todavía no se ha llegado”, que resume esa ambición.

Desaprovechar una oportunidad histórica para la izquierda alternativa de poder disputar la hegemonia a la “izquierda” de cartón-piedra (PSOE) e, incluso, de convertirse en alternativa real de gobierno, es un error que pagaremos (como siempre) los ciudadanos de este país, y que habrá que reprocharselo a quien ha colocado su ambición personal, su tacticismo, por encima del interés general. Las declaraciones de ayer de Iglesias tras “escenificar” el portazo a Alberto Garzón fueron repulsivas. Ojalá IU logre amalgamar apoyos para presentar candidaturas de unidad popular, a las que los izquierdistas trasnochados como quien suscribe daremos nuestro voto.

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