Sabra Don Vicente Quintana perez, que es realmente la libertad de expresion

Parece que al señor Don vicente Quintana Peréz lider de CANARIAS DECIDE- UNIDAD DEL PUEBLO y actor principal del pacto ocurrido dias pasados en el Ayuntamiento de Santa Lucia, no le gusta mucho las criticas, sinceramente nunca creí que llegara a extremos de insultarme llamandome ” vulgar provocador” , bloqueando paginas y comentando para luego borrarlo comentario a todas luces injusto hacia mi persona, acusandome de traspasar “LINEAS ROJAS”, esto último, era lo último que me faltaba escuchar de este personaje.La lucha por una serie de libertades o derechos fundamentales ha sido una causa dignísima. Una pelea contra la coacción, el despotismo y la opresión. Y en el camino hemos alcanzado la democracia, que es, indudablemente, el mejor sistema desde un punto de vista ético, porque no solo es igualitario y basa la obediencia al gobierno y a las leyes en el consentimiento libre de ciudadanos iguales (y no en el miedo y la coacción), sino que fomenta la reflexión crítica, la responsabilidad y la participación de la ciudadanía. Y negar el derecho a crítica, negar la libertad de expresión, es negar la propia democracia, es negar siglos de sacrificios de nuestros antepasados, es negar nuestra propia evolución social.

No creo que sean necesarios los argumentos en contra de permitir que un dirigente nos diga que opiniones, doctrinas o argumentos podemos formular o escuchar.Porque, en primer lugar, la opinión que intenta ser suprimida, podría ser cierta. Aquellos que desean eliminarla, como no, niegan su verdad, pero como hemos demostrado antes, no son infalibles -salvo que sean unos iluminados-. No tienen autoridad para juzgar la cuestión en nombre de los demás y excluir al resto de personas de la posibilidad de juzgar por ellos mismos. Negarse a escuchar una opinión porque están seguros de que es falsa supone asumir que su certeza es una certeza absoluta. Silenciar una opinión es asumir que son infalibles.

Y eso es muy propio de los reyes absolutistas -u otros que están acostumbrados a deferencias sin límites por parte de sus iguales-, que normalmente sienten está confianza en su propia infalibilidad, pero no de un sistema democrático.

Porque en democracia, es el deber de aquellos que representan a la ciudadanía -los políticos- y de la propia ciudadanía, formarse las opiniones más reales y precisas. Y la única manera en que una persona puede aproximarse a conocer en toda su amplitud una materia, a poder juzgar por si mismo que es lo correcto, es escuchando la opinión de personas muy variadas, teniendo toda la información posible.

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Desgraciadamente, la desconexión de los políticos hacia la población que conlleva no escuchar la crítica, solo puede llevar a la extrema hipocresía de argumentar que se hace todo por el interés común, sin saber cual es el interés común. Una suerte de despotismo ilustrado de nuevo cuño. Tout pour le peuple, rien par le peuple [literalmente “todo para el pueblo, nada por el pueblo” o, como hemos traducido libremente en España, “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”].

Por lo tanto, los verdaderos enemigos de la democracia son los que, amparándose en su supuesta defensa, se niegan a practicarla; los que, en un intento de mantener el statu quo, la alejan de la ciudadanía; los que se empeñan en intentar encadenar la libertad de expresión para su beneficio personal; los que no aceptan la crítica ni admiten el pilar fundamental de la democracia: los políticos son los representantes de la voluntad ciudadana, no sus dueños. Esos son los verdaderos enemigos de la democracia. Eso sí es fascismo, y no la crítica razonada y razonable de lo que entendemos debe cambiar.

Y sin embargo hay quienes, manipulados por los que tratan de adoctrinar a la opinión pública, compran esas ideas surgidas del interés y la ambición individual frente al bien común. Lo cual me recuerda una cita de Stiglitz en Caída Libre:

“Los biólogos estudian el comportamiento gregario, la forma como los grupos de animales se mueven en una dirección u otra olvidando, aparentemente a veces, el propio interés individual. Los borregos van unos detrás de otros hasta despeñarse. Los humanos a veces se comportan de una forma que parece igual de insensata”.

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