¿QUÉ FUE DEL “15 M”?

Un año después de aquellas inolvidables jornadas que han pasado a la memoria de todos como “Movimiento 15 M”, es obligado hacer un análisis reflexivo sobre lo que supuso este fenómeno social y las consecuencias que aquellas rachas de aire fresco conllevaron para una convulsa, doliente y adormecida sociedad como que recibió aquel aluvión de entusiasmo popular con tanta incredulidad como expectación y, sobre todo, con un enorme caudal de esperanza.

Un año después de aquellos acontecimientos que polarizaron la atención nacional e internacional, dos éxitos hay que reconocerle, en justicia, al “Movimiento 15 M”: por un lado, que se siga hablando de él, y por otro, que con todos sus errores, carencias e ineficiencias, haya sobrevivido más allá de aquellas primeras semanas de éxtasis y ebullición.

Como participante activo que fui en aquella gigantesca Asamblea en que se transformaron las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, siempre recordaré la alegría del encuentro que representó este acontecimiento en medio de aquel magma de solidaridad y cooperación donde lo esencial fue una convivencia con la que quedó palpable que el colectivismo forma parte inherente y consustancial del ser humano.

Nunca, hasta entonces, había imaginado el que tan amplias y heterogéneas capas de la sociedad, fueran capaces de una demostración de poderío cívico tan colosal, departiendo sobre cualquier tema, más allá de la edad, apariencia o convicción, en un espacio abierto y participativo tan impactante que, hasta los más incrédulos y reaccionarios, se acercaron para comprobarlo; y todo ello, pese a la crónica apatía de que venían adoleciendo las masas debido, principalmente, a la intoxicación con la que los resortes del poder han venido depravando a la juventud a través de las drogas y del alcoholismo, que curiosamente, brillaron alli por su ausencia como si nunca antes hubieran existido.

No es el momento de indagar sobre los oscuros y, a día de hoy, todavía nada claros orígenes de tan explosiva activación popular, ni de quiénes fueron sus ideólogos intelectuales ni de tampoco por qué fue aquel el momento elegido, pero sí daré fe de las sospechas, nunca aclaradas del todo y que siempre estuvieron presentes pese a mi euforia inicial, sobre cómo pudo organizarse espontáneamente un evento de tanta envergadura y la inusual atención dispensada por los medios de desinformación oficiales que siempre manipulan, cuando no ignoran, cualquier atisbo de protesta popular.

Un año después de todo ello, es el momento del análisis y de la reflexión.

Lo que el “15 M” supuso, principalmente, fue la revitalización, sin precedentes, del asambleísmo y, en consecuencia, la recuperación del gusto por participar en los asuntos políticos, falsamente atribuidos a la incompetencia de la funesta y detestable casta política; supuso, asimismo, un maravilloso canto a la capacidad autogestionaria de los asambleístas, capaces de resolver todos los problemas desde la lógica, el apoyo mutuo, la cooperación y la creatividad fecunda; y, finalmente, representó un meritorio intento de erigir a la democracia directa, aunque sin conseguirlo, como forma esencial de autogobierno de los propios seres humanos.

También relanzó la dimensión social de las gentes, tan acostumbradas a gestionar sus vidas desde el egocentrismo más lacerante, comprendiendo, como por arte de magia, que nadie de los allí presentes parecía extraño ni ajeno, abriendo sus mentes, desde unos valores éticos que parecían haber olvidado, a una dimensión nueva presidida por la receptividad y la entrega desinteresada, al tiempo que hacía posibles relaciones e intercambios, hasta entonces impensables, con el consiguiente enriquecimiento mutuo y potenciación de la autoestima de cada cual, convirtiendo en habituales las discusiones sobre cuestiones reservadas, para desgracia de todos a los despreciables y trasnchados profesionales de la política.

Pero tan idílico despertar del sueño de la indiferencia, facilitado por el entusiasmo contagioso en medio de un escenario donde la horizontalidad fue la estrella principal, no podía perdurar en el tiempo, sino estaba fundamentada en ideas impulsadas por la necesidad ineludible de transformación integral de la persona; y, en eso, el “15 M” carecía de ideas claras, y por eso también, el “15 M” quedó tan sólo en un sueño primaveral, tan hermoso como inconsistente.

Un movimiento tan variopinto como éste, que hasta los sociólogos fueron pillados a contra pie, aglutinó en torno a sí errores de bulto, tales como el simplismo mental, el infantilismo y la pobreza intelectual generalizada,muy lejana de la recuperación autogestionaria del saber popular; la carencia de una estrategia programática y de objetivos que, un año después, sigue siendo su lastre y que lo ha descabalgado interiormente;yla inexistencia de cauces con que canalizar un inicial voluntarismo que, a base de infinitas reuniones asamblearias que no han conducido a ninguna parte, ha terminado dilapidando, entre el hastío de muchos y el abandono de no pocos, la rabia y la indignación, que terminaron perdiéndose en el vacío.

El movimiento “15 M” que, por su falta de estrategia política nunca derivó en organización, al igual que otras muchas formas de actuación social, se ha perdido en medio de mil y una reuniones y asambleas que han terminado desdibujando la propia naturaleza de éstas, en un mar de comisiones inútiles, así como en un inacabable desfile procesional en manifestaciones que no han sido servido más que para perder el tiempo, mientras los unos y los otros, siguen obviando, sin embargo, la clave de toda movilización verdaderamente revolucionaria: la acción.

Ha llegado el momento de actuar, de hacer, de ponerse en marcha, de dejar sólo de hablar; ha llegado el momento de poner en acción toda clase de propuestas tendentes a la autogestión de cualquier aspecto de la vida personal y colectiva, desde la rigurosidad pragmática y no meramente utópica; ha llegado el momento de reunirse sin publicidad, clandestinamente, es decir, sin luz y taquígrafos, o sea, sin convocarnos a través de redes sociales (otra de los grandes potencialidades prácticas del “15 M”, aunque ignoren que están controladas desde que las inventaron), y, a través del boca a boca (en tanto no estemos infiltrados) o en clave, a partir del momento en que nos veamos observados por esos “topos” que no han dudado en infilitrar en los momentos más álgidos del movimiento.

El principal error del movimiento“15 M” ha sido haber desetimado el valor de la acción, en favor de retóricas absurdad, así como haberse parapetado detrás de inocuos, vehementes y estériles discursos pacifistas, confundiendo, quiero creer que por ignorancia, lo público con lo estatal, sin plantearse, ni de lejos, pasar a la acción directa, sencillamente, porque es muy poquito el compromiso veraz existente entre sus partidarios, más preocupados por el mantenimiento del conformismo burgués y el “lavado” de suis conciencias , y por pasar el tiempo jugando a hacer una supuesta política, que por aportar propuestas o ideas ciertamente valiosas.

No sería justo obviar, sin embargo, algunos logros significativos en los que el “15 M” tuvo una participación esencial, como la constitución de la plataforma PAH “perjudicados por la Hipoteca”, la participación activa en la paralización de algunos desahucios y la potenciación efectiva y práctica de la dación en pago, pero, es lo cierto también que un movimiento que centra su operatividad, casi exclusivamente, en aspectos meramente económicos, aunque tengan carácter social, no pueden tener futuro, ya que cualquier movimiento de carácter revolucionario debe de ser combativo en las ideas, y, por lo tanto, esencialmente político, beligerante en sus planteamientos y no pactista, por cuánto pactar, significa ceder, y ceder implica rendición, sin que pueda haber rendición cuando de lo que se trata es de recuperar los valores intrínsecos de la esencia humana .

La realidad, es que, actualmente, el ”15 M” está profundamente infiltrado y dividido gracias, sobre todo, a ese moscardón llamado “Democracia Real Ya” o DRY, organización sospechosamente tendenciosa, recientemente convertida en asociación sin ánimo de lucro, cuyo populismo ramplón se asemeja muy mucho al fascismo más rancio y que ha contribuido, desde el principio, a socavar las bases populares sobre las que se cimentó buena parte del “15 M”; pero que nadie se confunda, porque si las asambleas aparecen hoy casi vacías y muchos han sido los que lo han abandonado, es por la responsabilidad del “15 M”, cuyo valor inicial hay que reconocer, pero cuya ineptitud, incoherencia y carencia de metas posteriores es también obligado denunciar.

Llegados a esta tesitura, lo que se plantea ahora es si es o no posible recuperar el espíritu natural que dotó al “15 M” de un apoyo popular sin precedentes; personalmente, creo que, si pese a todo, el “15 M” ha sido capaz de sobrevivir en los barrios y a través de ciertos actos más o menos sonoros, es porque la fuerza inmanente de una parte de sus miembros ha permitido resistir en medio de la indiferencia general, una fuerza que no se puede despreciar y que, muy por el contrario, es necesario reconocer, potenciar y encauzar, de ahí que, quiénes podamos “ver” más allá de lo que pueden hoy vislumbrar los sectores más jóvenes del “15 M”, debamos asumir la responsabilidad de velar porque ese potencial transformador que, a buen seguro atesoran y que aún está por despertar, no se dilapide por culpa del hastío, el aburrimiento, la infiltración o la decepción.

No se puede tirar por la borda el deseo ferviente de muchas de estas gentes de cambiar la putrefacta realidad que los circunda, aunque no sepan como hacerlo y hayan arrojado su energía, hasta ahora, prácticamente a la nada; si el “15 M” retoma seriamente las bridas de su caminar, podremos contar con una fuerza revolucionaria cierta, para lo cual, y para evitar intrusismos indeseados que sólo confunden y desacreditan, el “15 M” debería afrontar seriamente su futuro sobre la base de una estrategia planificada que debería contemplar, para sobrevivir, la posibilidad de un cambio de denominación para que quiénes, más allá del romanticismo de un nombre que ya es historia pero cuyo espíritu pervive, puedan trabajar desde la certexza de un cambio real de las cosas.

Ha llegado el momento de radicalizarse, sí, entendiendo por tal la coherencia de la acción con un fin político transformador, todo lo demás son barbitúricos de la conciencia que no conducen a ninguna parte, como tampoco sirvieron para nada todos los frenos absurdos que a la libertad de expresión se pusieron en algunas asambleas y en no pocas propuestas que jamás, por ello, nunca llegaron a las comisiones fiscalizadoras, producto del control teledirigido y de la confusión interesada; cierto es que el debate debe de ser permanente junto a la acción, y que debe de canalizarse la diversidad ideológica para que no degenere en las continuas discordias y rupturas que ha provocado en su seno como consecuencia de no saber gestionar adecuadamente la disparidad; y cierto es también que cada uno lleva su ritmo y que no se puede pretender caminar todos al mismo paso, aunque sí en la misma dirección; lo que tendría que quedar muy claro es que toda acción, por pequeña que esta fuera, tendría que ser revolucionaria, esto es, no meramente reformista, sino netamente innovadora, y que negar tal evidencia, implica negar también cualquier deseo real de transformación y, por extensión, la renuncia a ser uno mismo, no cabiendo en un proyecto serio aquellos que ni siquiera estén dispuestos a plantearse un cambio real en su cotidiano vivir.

La clave radicaría en saber aunar, no a través de líderes, sino de los “conductores” que mejor sepan encauzar lo mejor de cada uno en pos de un bien común que tiene que empezar con nuestro propio ejemplo, rompiendo el silencio que atenaza de miedo nuestro vivir cotidiano y saber aprovechar la fuerza inmanente de una juventud rebelde que ha comprendido que no es posible seguir como estamos y que no necesitamos de los políticos, sencillamente porque la única política cierta es la asamblearia y nosotros sus únicos gestores legítimos.

Otra de las claves debería ser la superación de cualquier sigla, dogmatismo o adscripción para posibilitar una visión ateórica de la realidad, siempre buscando la verdad en forma de proyectos conscientes, abordándola desde la coherencia y el sentido común sin necesidad de poner nombre a las cosas que a los poco formados políticamente pudiera retraer, por ejemplo, lo que se vivió en las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades fue el asambleísmo anarquista que tanto temen los falsos politicastros y sus odiosos aparatos represivos y mediáticos, pues bien, pongamos en marcha los valores libertarios, sin siglas ni dogmatismos, pues lo que vale, a la postre, es la acción, y esa es la clave con la que el “15 M” debería levar anclas y rencontrarse a sí mismo, rechazando el apoyo o la ingerencia de cualquier estructira organziativa, por histórica o consolidada que éste pudiera ser.

Lo de menos ahora, es entretenernos en lo que se ha hecho mal, lo importante es hacer un análisis crítico alejado de toda complacencia como base de toda transformación regeneradora, donde juegue un papel fundamental la oratoria y un constante esfuerzo de formación autodidacta, con las que poder aprovechar estos tiempos convulsos que, en virtud del principio de la polarización, son también un tiempo de grandes oportunidades para recuperar la realidad integral del ser humano desde la “idea central de la revolución, equivalente a pensar un mundo cualitativamente diferente del actual y de un ser humano sustantivamente renovado”.

Sólo así podremos recuperar el “15 M”, cuyo valor principal fue abrir una puerta al despertar de las conciencias, y con él, un cauce necesario para la revolución irreversible que, más tarde o más temprano, no sin esfuerzo, sacrificio y sufrimiento, tendrá que llegar, pues nacemos libres y libres hemos de vivir, para lo cual habremos de presentar batalla en el campo de las ideas y preparar nuestra autodefensa como seres humanos frente a cuqkuier imposición exterior cuyo único fin es convertirno en seres nada.

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La necesidad de redefinir la izquierda

Hay quien opina que la izquierda está en crisis, que las modernas democracias no admiten como realidad actual el desarrollo de las doctrinas marxistas y socialistas, las cuales, para poder sobrevivir, han tenido que adaptarse a una evolución social permanente, por lo que carecen en este momento de una refundición moderna que agrupe las raíces iniciales de lo que configuró la izquierda y las posiciones modernas de los partidos que aún la representan.
¿Esto es así porque realmente la praxis de la izquierda se ha visto obligada a buscar un lugar de consenso que permitiera su existencia y aglutinara la suficiente masa de personas como para tener sentido? ¿Cómo es la izquierda de hoy día? ¿Qué es y quién forma la izquierda en este momento? ¿Qué diferencia a la izquierda entre sí?
Hoy la izquierda extrema se une a violencia, a quiebra institucional, a minorías, lo mismo que la derecha. Esa historia aleja cualquier tentativa de una expresión doctrinal que englobe dentro de si los términos de lucha o revolución. Hoy la izquierda debe jugar su papel con las ideas en primer lugar, seguido de acciones de transformación social pacíficas. Ese término ambiguo y demagógico, creado por la derecha, llamado centro, ha ido dejando a las ideologías sin el sentido de su lucha tradicional e histórica. La izquierda, como término de liberación de opresión de la clase trabajadora, ha perdido sentido. La doctrina socialista, que durante bastantes décadas ha tenido un tiempo de oro, también. Hoy la gente no diferencia muy bien la derecha o la izquierda, cuestión que termina sucediendo en todos los países democráticos cuando adquieren historia y esta historia se hace con paz, progreso y, sobre todo, con buenas palabras. Pero el enfrentamiento a los cambios y problemas actuales está llevando a redescubrir un nuevo campo de acción de las ideas, que surgen con fuerza cuando la democracia ha quebrado lo que la hace ser fuerte por si misma:el consenso de todas las partes sociales.

En este sentido podemos definir la democracia como un espacio de acción y convivencia sociopolítica en la que todas las partes sociales llegan con el pasado de su experiencia y buscan la transformación pacífica de la sociedad dentro de un equilibrio. Todas las partes deben hallar su lugar y satisfacción. El empresario debe encontrar el apoyo para seguir creciendo y, por supuesto, ganando capital. Pero el trabajador debe encontrar que tiene asegurado el trabajo, el salario, la sanidad, la jubilación y el acceso a la satisfacción de sus necesidades. El banquero necesita encontrar un proceso social que asegure la rentabilidad de su negocio. Las mujeres buscan un reconocimiento y el derecho a ser ciudadanas de primera categoría. Los inversores quieren participar en una bolsa estable, que dé beneficios a su inversión. Los universitarios quieren acabar sus estudios y tener un puesto de trabajo y el derecho a la promoción. Los jubilados quieren tener aseguradas sus pensiones. Para aquellos grupos sin voz, que están excluidos, marginados, solos o enfermos, o para aquellos que necesitan una mayor formación laboral, o para los que desean tener una acción voluntaria, o para los que se reúnen y desean trabajar con colectivos complejos, como los reclusos, o para los que necesitan defensa jurídica y carecen de recursos, o para aquellos que tienen una necesidad social y buscan lograr su solución, sea una carretera, sea una escuela, sea cualquier otra cosa, se ha buscado la permisión de plataformas sociales, de fundaciones o ONGs sin ánimo de lucro, o una red de servicio públicos o privados que realicen en el vasto tejido social una acción compensadora y reparadora. La democracia es el espacio dónde todas las partes tienen derecho a ser oídas.
Si funciona bien, ni la izquierda ni la derecha tienen demasiado sentido. La democracia es la sensatez, es la búsqueda de la equidad social, es el reconocimiento individual por encima de la clase social o del lugar que tenga asignado socialmente el individuo.
Ese espacio es lo que se llamaría centro, un espacio sin una ideología propia excepto la de intentar ser la idea misma de consenso y aceptación de todo ser humano, la de ser la idea misma de la democracia. En una democracia la pirámide del poder debe ser abierta, debe ser participativa, debe ser recambiable, sin lugar fijo para nadie. La democracia no favorece la desigualdad, sino que busca paliarla, dando opción de justicia e igualdad. El punto en el cual todos tienen su satisfacción sería el término de la justicia. Habríamos encontrado por fin el punto de definición, acción y evolución de la justicia, puesto que, al poner a todas las partes en un diálogo interactivo entre si, todas encontraban su satisfacción. La satisfacción estaría formada por el reconocimiento de la existencia, la importancia de su participación y el derecho a conseguir los objetivos de cada parte, la sucesiva consecución de estos objetivos y la seguridad de que en el futuro iban a irse cumpliendo aquellos que aún no se habían conseguido. Todos deberán ceder algo, todos deberán sacrificar algo para conseguir algo, pero esas renuncias no serían tan importantes como para quebrar el consenso.

La izquierda en este modelo tendría simplemente la finalidad de representar una parte, la de los más débiles, la de los trabajadores, la de aquellos que dependen para vivir de los que poseen los capitales. En el escenario político hemos creído que los trabajadores estábamos representados por los partidos de izquierda democráticos. En aquellas primeras elecciones de 1980, que dieron el poder al PSOE nos dimos cuenta de que la clase trabajadora era mucha, creía y votaba en aquellos que tenían la obligación de representar sus intereses en el espacio democrático. ¿Es esa misma clase trabajadora la que luego le dio el poder al PP porque se sintió traicionada por la corrupción del PSOE? ¿Porqué de repente piensa que sus intereses de clase trabajadora los iba a defender mejor aquellos que representaban a su vez a otra de las partes, en este caso los dueños del capital y de los medios de producción? ¿Porqué no dieron el voto a otra opción de izquierda?
El fallo del PSOE en la representación de la clase trabajadora que le votó cambió la historia de la España moderna y la opción de la clase trabajadora de votar al PP como representante de sus intereses volvió a cambiarla. Toda la España de los últimos veinte años está marcada por la traición del PSOE a su responsabilidad y por la traición del PP a la clase trabajadora. Digamos que la democracia se quebró en ambas ocasiones y ahora tenemos un espacio democrático lleno de gentes descontentas.
Ante esta situación es necesario redefinir de nuevo la izquierda, lo cual no se hace con discursos minoritarios que ataquen al poder establecido en este momento, ni demostrando demasiado afán de poder o superioridad. Se hace desde la misma base, buscando el trabajo en los barrios y pueblos, desarrollando acciones solidarias, formando líderes para el cambio, encontrando la confianza de la gente y dando ejemplo dentro de las líneas de acción como grupo ideológico, político y de acción social.
Este sencillo esquema necesita un enorme cambio, menos política y más acción social, dado que la gente desconfía de la política y de quienes se dedican a ella. Mucho más compromiso con las necesidades de la gente. Buscar llegar al cambio político a través del compromiso y la acción en la base, con acciones bien definidas, con la unión de un debate ideológico y de una acción comprometida, de un programa de renovación y cambio, que lleve a la gente a confiar de nuevo en que la izquierda es la única capaz de representar sus intereses en el campo del poder político y, sobre todo, volver a ganar la confianza de la gente en la izquierda, perdida en el desgraciado proceso del poder del PSOE.

Como siempre le dejo un tema musical manu-chao-clandestino-publicado-en-1998.html

La derecha se apodera de Europa

Europa está mostrando su debilidad, a punto de entrar en una de las crisis económicas más fuerte de las últimas décadas. No le queda otra opción que volver a confiar en la capacidad del motor económico de EE.UU. para remontar los obstáculos que se le avecinan. Algunas economías europeas no sólo no crecerán este año sino que podrían entrar en una desaceleración económica. Los factores que conducen a esta situación no están muy claros. Hay quien dice que es la “relajación fiscal” un factor determinante, ya que la bajada de impuestos por parte de gobiernos electoralistas, cuando no se encuentran los ingresos en posibilidad de soportarlos, genera déficit continuos.
Las razones son siempre un cúmulo de factores, pero primordialmente es el mismo sistema quien las genera, ya que las crisis cíclicas son habituales en los sistemas dónde el concepto liberal del mercado está presente. Europa es un continente viejo, lleno de historia ancestral, pero siempre dividido, causa final del porque tiene que depender del gigante económico, ahora muy débil económicamente también, para seguir subsistiendo sus economías. Europa debería ser fuerte, modelo además de sociedad moderna, porque ha demostrado ser mucho más sensata en multitud de decisiones internacionales, en referencia a derechos humanos, a planes de globalización y a concepto estructural de la sociedad. Europa es una hermana mayor en el sentido ideológico-espiritual y es una hermana menor en el sentido de racionalizar la economía y de preparar su acceso y permanencia en el futuro.
La derecha ha avanzado en toda Europa. Dinamarca, Portugal, Francia, Austria, España… han visto como iba asentándose la derecha y tomando fuerza, lo cual me recuerda de nuevo la sentencia de uno de mis antiguos profesores universitarios, el cual, en 1983, ya preconizaba la vuelta del fascismo a Europa y el fenómeno del fundamentalismo islámico como prioritario en el siglo XXI. El triunfo de la derecha proviene del miedo de la sociedad y su adquisición de poder significa el desarrollo de sus tradicionales redes sociales en torno a la manipulación de personas y medios, con el fin de asentar su hegemonía. La derecha representaba tradicionalmente a Dios, al orden, al conservadurismo, a la permanencia de las clases y privilegios y al gobierno a espaldas de los ciudadanos. La complejidad de nuestro mundo moderno conduce a las poblaciones al temor de los avatares de una historia que no quieren repetir. Prefieren la derecha con privación de derechos y mayor pobreza que una izquierda revolucionaria, que promueva situaciones sociales tensas. Gran responsabilidad está en la indefinición de la izquierda, en la defensa que ésta hace de situaciones que asustan bastante al ciudadano corriente, como la defensa de toda la inmigración que llega a Europa, la aceptación de modelos de sociedad demasiado liberales, para los que aún no se encuentran totalmente preparados.

Al ciudadano corriente la derecha le resulta demasiado conservadora, pero la izquierda le resulta demasiado liberal y desconocida. Gran responsabilidad la tienen los líderes de izquierda que han estado en el medio social y cuya función de trasmisión ideológica no han cumplido debidamente. A la vez hay otro fenómeno que no funciona debidamente en este momento, que sin embargo ha hecho un enorme papel transformador en otros momentos históricos, se trata de la concienciación de los jóvenes. Ciertamente, la generación joven se ha educado en unos esquemas de pensamiento que desconocen las teorías políticas en su mayoría, consideran las doctrinas socialistas algo histórico y extinguido. Carecen de interés político, conciben un mundo neutro y no tienen espíritu revolucionario. Obviamente, es una opinión generalizada, ya que los grupos minoritarios siempre existen. Este adormecimiento de las generaciones jóvenes manifiesta la incapacidad de recambio en las generaciones de la izquierda europea, la cual no ha cumplido tampoco muy bien su papel en los momentos de poder, ni como modelo alternativo a la derecha.
La consecuencia es la aparición de la derecha en Europa, que aparece con todas las características de su ideología tradicional y que, en un tiempo relativamente corto, puede llevar Europa a ser una filial norteamericana.

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14N: Éste es el camino

El 14-N, Portugal y el Estado español irán a la Huelga General y en numerosos países del sur de Europa millones de personas se movilizarán contra los recortes salariales, sociales y laborales, el desmantelamiento de los servicios públicos, el rescate bancario con fondos públicos… Ese día tendrá lugar la acción de masas más importante habida hasta ahora de rechazo a las políticas puestas en marcha por la UE de austeridad contra la clase trabajadora y de socialización de las pérdidas bancarias. El éxito de esta jornada de movilización es fundamental para el mantenimiento y la continuidad de las luchas contra la austeridad neoliberal a escala europea y para impedir que finalmente se imponga la salida a la crisis diseñada por las élites capitalistas de Europa.

La UE neoliberal es un potente instrumento en manos del gran capital europeo para imponer políticas económicas y sociales favorables a sus intereses: bajadas generalizadas de salarios para ganar “competitividad”; pérdida de derechos laborales para facilitar el despido y la precariedad; desmantelamiento de los servicios públicos para crear nuevos “ nichos “ de negocio para el capital; conversión de la deuda de los bancos en deuda pública a costa del gasto social y público; retorno de las mujeres al trabajo de cuidados y al hogar; recortes en los derechos democráticos e incremento de la represión policial…

Los efectos de estas políticas sobre los países del sur de Europa son devastadores y están produciendo la destrucción del tejido industrial y comercial, un empobrecimiento cada vez más acusado de la clase trabajadora y el aumento del malestar social y del rechazo a la “austeridad”. El yugo de la deuda y la prioridad al pago de los intereses de la misma por encima de las necesidades sociales básicas se ha convertido ya en una losa que lastrará las condiciones de vida de las generaciones presentes y futuras. En los países del norte de Europa, por el contrario, amplios sectores de la clase trabajadora y del movimiento sindical se encuentran aún bajo la influencia del relato neoliberal sobre el origen de la crisis de la deuda, según el cual la culpa de ésta la tienen las sociedades del sur, despilfarradoras y poco productivas.

Quebrar el discurso y la política neoliberal de la UE requiere unificar los objetivos y la acción del conjunto de la clase trabajadora del continente- en primer lugar en los países del sur de Europa – levantando un programa común contra las políticas de austeridad y dándole continuidad a la movilización a escala europea. Exige rechazar el pacto fiscal y la recapitalización bancaria con fondos públicos; reclamar una auditoría ciudadana sobre la deuda y negarse al pago de la que sea ilegítima; reforzar la solidaridad y los lazos entre quienes luchan hoy en primera línea contra la austeridad: Grecia, Portugal y el Estado español. Exige, en resumidas cuentas, cuestionar abiertamente el actual modelo de UE.

Es evidente que no son éstos los objetivos por los que se ha convocado la jornada de acción del 14N y es en este terreno, el de las alternativas a las políticas de austeridad, donde más debilidades muestra la convocatoria. A pesar de ellas, el 14-N enseña el camino que debemos recorrer: la coordinación de las luchas, de las experiencias y de las alternativas a escala europea. Representa igualmente la respuesta necesaria a la adaptación de sectores del sindicalismo centro-europeo al discurso neoliberal: también a ellos les traza el camino. Por eso el 14N contará con todo el apoyo de IA.

En el Estado español esta convocatoria es especialmente necesaria, tanto por los titubeos de las direcciones de CC.OO y UGT sobre como continuar la movilización después del 15S, como porque el gobierno, tras el impasse al que se ha visto forzado por las convocatorias electorales, se apresta a poner en marcha una nueva fase de recortes (impasse relativo, ya que Gallardón no ha perdido el tiempo, lanzando una reforma del código penal para criminalizar la desobediencia civil y subiendo las tasas judiciales, incluyendo las de la jurisdicción social, así como la anunciada reforma totalmente regresiva del derecho al aborto). En el horizonte inmediato, la petición de un rescate, que se pretende virtual, es inevitable y aunque finalmente se concrete por tramos, sus efectos sobre una economía en recesión serán con seguridad desastrosos: aumento de la deuda pública, recorte brutal del gasto del Estado, cierre de empresas públicas, despidos masivos en el sector público y reducción de la masa salarial en las administraciones públicas. Un panorama desolador.

Frente a este escenario, el 14-N ha de marcar el fin de una etapa y el comienzo de otra: debemos dejar atrás las movilizaciones puntuales y deslavazadas, los discursos tímidos llamando a la rectificación del gobierno y las ilusiones respecto a unas mesas de negociación que no volverán y que incluso hace años que se demostraron inútiles para conquistar derechos. El 14-N debe ser el inicio de un nuevo ciclo de movilización, planificado y organizado, capaz de convertir en insoportable la presión sobre el gobierno hasta que le obligue a acabar con los recortes. Hemos de comenzar a construir por abajo un frente sindical, social y político contra los recortes y la austeridad que incorpore también las reivindicaciones de movimientos como el 15-M y el 25-S. En este sentido, el sindicalismo en general y muy en particular los sindicatos mayoritarios deben recoger reivindicaciones fundamentales del movimiento social: una nueva ley electoral proporcional e igualitaria, la auditoria ciudadana de la deuda y el respeto al derecho a decidir de las naciones del Estado español. Los movimientos sociales, la izquierda anticapitalista y el sindicalismo alternativo tienen que empujar para conseguir que el 14N vaya más allá de lo que buscan las direcciones de CCOO y UGT y que realmente sea un punto de inflexión. En este sentido, saludamos especialmente la decisión de CGT de sumarse a la Huelga del 14-N, con su propia convocatoria, y de aplazar la que tenía convocada para el 31 de octubre. La unidad en la lucha en estos tiempos es también fundamental.

Ahora, en lo inmediato, la tarea es construir la huelga general por abajo, creando marcos unitarios en empresas, barrios, escuelas y universidades para sacarla adelante, para garantizar su éxito, para que el 14N sea un clamor contra los recortes, la austeridad y el gobierno, para que siga manteniéndose la capacidad de respuesta frente a las agresiones y para conseguir que sea una jornada de movilización general en la que la gente parada y precaria, jubilada, inmigrantes y amas de casa alcance en ella un protagonismo y visibilidad relevantes.

Estos espacios unitarios deben servir no sólo como instrumentos de construcción de la huelga donde se refuercen los lazos entre quienes están dispuestos a resistir, también deben reivindicar su papel como lugares en los que decidir cómo “gestionar “ la Huelga General, cómo y de qué forma continuar la movilización, qué alternativas hay que levantar a los recortes, etc.

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EL MOVIMIENTO M15

El 15M es un movimiento que tiene una clara vocación revolucionaria (quieren cambiar todo el sistema), pero no nos engañemos, los que controlan el “cotarro” saben perfectamente que mientras que movimientos como el del 15M no tengan una verdadera capacidad revolucionaria (y para eso creo que queda mucho), no hay nada que temer. Así pues, durante algún tiempo nos seguirán “apretando las tuercas”, dejarán el Estado del Bienestar reducido a poco más que unas migajas y luego volverán a abrir el grifo del crédito para que volvamos a “atontarnos” comprando electrodomésticos varios, coches, vacaciones en crucero y demás cachivaches absurdos.

Ahora bien, creo que el 15M se produjo un hecho muy relevante y es que demostramos la capacidad de movilización que todavía debería tener la Izquierda de este país. Desde mi punto de vista, este podría ser el primer paso para lograr un movimiento que en vez de vocación revolucionaria, la tenga reformista.

Cuando los que asisten y simpatizan con al movimento del 15M se den cuenta de que hoy por hoy echar abajo el sistema es prácticamente imposible y que por lo tanto su única posibilidad es intentar cambiarlo desde dentro, entonces sí que habrán dado un paso verdaderamente “revolucionario”. Un movimiento a nivel europeo, bien organizado y participando en las instituciones democráticas establecidas para ello, sí que sería realmente útil, sí que podría plantar cara a los que ahora toman las decisiones.

Sin embargo, si seguimos tratando de echar abajo el sistema en vez de reformarlo, estaremos desperdiciando unos esfuerzos maravillosos que podrían transformar el sistema en un instrumento de primer orden para lograr una sociedad más justa, rica y solidaria.

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