Gallardón renueva el marquesado a los Queipo de Llano en el aniversario del alzamiento

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica denuncia “la doble moral” del ministro de Justicia al conceder al nieto del general Gonzalo Queipo de Llano, uno de los más sanguinarios de la Guerra Civil, la renovación del título nobiliario concedido por Franco.

ESTE ES EL EJEMPLAR, EN CUESTIÓN (Queipo de Llano ) SEGURO QUE GALLARDON Y SU CUADRA LO ADMIRAN

“¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré”.

“Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”

Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar”.

Fusilar a los hombres y violar a las mujeres. Ese era su estilo. Represor sanguinario, cruel y despiadado a la par que brillante militar, el general Gonzalo Queipo de Llano utilizó la radio como medio de guerra psicológica y el terror como arma de guerra. Han pasado a la historia negra sus charlas radiofónicas en los micrófonos de Unión Radio Sevilla, en las que diariamente, a las diez de la noche, intentaba minar el ánimo de los republicanos y dar fuerzas a los partidarios golpistas en zona republicana. Con un lenguaje brusco y soez, se burlaba de los dirigentes de la República y hacía alusiones a la virilidad de legionarios.


En fin,
Don Alberto, Don Alberto; que quieres Fernando… perdone usted, sinceramente. De verdad que le pido disculpas de antemano, pero es que…

-Diga, diga.

-Que es que…

-Diga, hombre, diga.

-Pues, es que… yo creía que las decisiones de los gobiernos impuestos por la fuerza de las armas eran radicalmente ilegales e ilegítimas; como los propios gobiernos así impuestos, por otra parte. Y también creo… que los gobiernos democráticos deben desmentir, rechazar y anular cualquier acto, decisión o norma dictada por los gobiernos dictatoriales. Especialmente aquellos que se dictan para enaltecer a los genocidas que forman -o formaron- parte de esa ralea de gobiernos.

-Ah, ¿sí? ¿Eso cree usted?

-No es que yo lo crea. Es que lo refrendan algunos tratados internacionales. Además, la

propia lógica democrática lo confirma.

-Ya. Pues, mire usted: Lo siento. Creo que adivino el sentido de sus palabras, pero lamento no poder satisfacer lo que intuyo son sus deseos. Ahora mismo estoy “oliendo” a cadáver político en mi entorno más próximo; y, créame, no estoy para detenerme en tiquismiquis más o menos moralizantes o éticos. Ahora me va a disculpar. No puedo perder ni un solo minuto de mi tiempo. La nueva ley del aborto requiere toda mi atención. Es una tarea absolutamente indispensable, complementaria a aquella sobre la que ha versado nuestra conversación. Espero que lo comprenda. Buenas tardes.

Y yo me pregunto: ¿Por qué será tan …. .. .. …. …. este tío?

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